lunes, 23 de abril de 2012

¿Qué son las anfetaminas?


Las anfetaminas constituyen una familia de drogas que estimulan el sistema nervioso, producen la pérdida del apetito, quitan el sueño y hacen desaparecer el cansancio. Bajo muy estricto control médico, ayudan a combatir la obesidad. El problema empezó durante la Segunda Guerra Mundial, en donde se utilizaron anfetaminas para disminuir en los soldados la necesidad de dormir, eliminar la fatiga y estimularlos para el combate. Al terminar la guerra, Japón tenía almacenadas grandes cantidades de anfetaminas y las puso a la venta, lo que provocó su uso masivo en las décadas del ‘50 y del ‘60. Los efectos negativos y la adicción generaron el control riguroso de su comercialización.
De todas maneras, quien desee estimularse puede conseguirlas fácilmente por medios ilícitos. Vulgarmente se las conoce como "pepas", "despertadores", "levantadores" y algunos otros apodos que expresan el tipo de efecto que producen. Se consiguen en forma de comprimidos o cápsulas, o también pueden ser inyectables.
Cuando el público descubrió que esas pastillas para adelgazar o esos inhaladores nasales tenían efectos estimulantes, comenzó a usarlos sin prescripción médica con una facilidad alarmante. Los jóvenes, para mantenerse despiertos los días previos a un examen; los adultos, para mejorar su rendimiento en sus actividades diarias; los deportistas, para superarse en las competencias; los choferes de larga distancia, para resistir los largos viajes sin dormirse.
Esta automedicación de pequeñas dosis es, muchas veces, el inicio de una adicción destructiva de la que no se puede salir. Esto sucede cuando para poder descansar se recurre a tranquilizantes mediante los cuales se logra apaciguar la aceleración provocada por las anfetaminas. Un adicto que se inyecta grandes dosis de anfetaminas en la vena, puede permanecer despierto más de cinco días y finalmente se derrumba en un sueño que dura 48 horas continuas.

miércoles, 18 de abril de 2012

Adicciones: La Motivación para el Cambio


El proceso mediante el cual una persona pasa desde una adicción activa hacia la recuperación sostenida, está en realidad basado en una toma de conciencia progresiva acerca del problema, y en la necesidad de cambio que influyen en la motivación. Prochaska y Di Clemente han delineado un modelo para describir el proceso de motivación creciente para el cambio, que permite evaluar la disposición hacia el cambio de cada persona.

En este modelo transicional del cambio se proponen diversas etapas o fases de la motivación:

Precontemplación: En esta etapa la persona no tiene conciencia de la existencia del problema. Por esta razón no estará motivado a buscar ayuda, lo cual hará que la adicción siga evolucionando y se acumulen las consecuencias negativas.

Contemplación: En esta etapa ya las evidencias del daño se hacen obvias para el adicto, desarrollando una conciencia del problema que va de menor a mayor. La persona en contemplación, comienza a invertir energía psicológica en pensar acerca del cambio, pero esto no se traduce en acciones concretas.

Preparación: En esta etapa las personas se motivan a buscar ayuda porque saben que deben hacer algo para resolver el problema. La persona acude a consulta, pide consejo y planifica. Aún así, no se ha llegado al punto donde se está dispuesto a invertir mucha energía en los cambios, por lo tanto el problema sigue evolucionando.

Acción: En esta etapa ya se ha pasado el punto de tolerancia, por lo que el adicto esta listo para hacer los cambios necesarios. Una vez llegado a este punto la persona sabe que no quiere seguir viviendo en su actual situación y estará dispuesto a invertir energía en los cambios. Sin embargo,si no se canaliza adecuadamente puede no avanzarse en la dirección correcta.

Mantenimiento: Una vez realizados los cambios hay que mantenerlos lo suficiente para que se hagan permanentes. Es muy usual que las personas en recuperación, se descuiden en esta fase porque a veces, no hay adecuada conciencia de la tendencia a la recaída. Si la persona invierte tiempo en mantener los cambios logrados todo irá bien, pero si se descuida o aminora la marcha, puede presentarse una recaída.

Recaídas: La adicción tiene una tendencia natural a la recaída debido a la gran cantidad de elementos aprendidos y estructurales, que están activos a pesar de que se hayan adquiridos nuevos hábitos de comportamiento. A esto se suma el hecho de que los cambios por realizar, pueden ser abrumadores. Las recaídas, muchas veces, son parte del aprendizaje hacia el mejoramiento de la recuperación. En esto la adicción se comporta como otras enfermedades crónicas.

Terminación: Una vez que los cambios son mantenidos a lo largo del tiempo, los disparadores y conductas de búsqueda, así como los deseos de uso, dejan de poseer la fuerza que han tenido sobre el adicto; se hacen menos intensos progresivamente, hasta que cesan. Aún así la tendencia a la recaída se mantiene, por lo que la recuperación en el adicto, es un proceso que dura de por vida.

Este modelo transteorético del cambio hace notar que la motivación no es una cualidad estática, sino más bien un recurso psicológico dinámico, que puede incrementarse a medida que la persona toma conciencia de su problema.

Fuente: Fundación Manantiales


viernes, 13 de abril de 2012

Juego Compulsivo


El juego compulsivo o ludopatía es la enfermedad caracterizada por el impulso incontrolable a jugar, es decir, cualquier tipo de actividad en que la persona pone algo de valor en riesgo sobre las bases de un resultado desconocido. Al no provocar síntomas físicos, debido a que genera únicamente una dependencia psicológica, se conoce a esta enfermedad como “la adicción invisible”. El juego se vuelve una adicción cuando provoca conflictos familiares, emocionales, legales o financieros, y la persona continúa apostando igualmente. El jugador precisa de la sensación de ganar, aunque este no sea el caso la mayor de las veces.

Este desorden de salud mental de control de los impulsos se da cuando la persona piensa constantemente en el juego, aumenta sus apuestas a modo de mantener la emoción, y cree que para recuperar el dinero perdido la mejor solución es continuar jugando. Es común que el adicto mienta para esconder que ocupa su tiempo apostando por vergüenza, y en el extremo cuando ya no posee dinero para apostar recurre a actos ilegales para conseguirlo. La violencia en el hogar, dejar los estudios y la pérdida de trabajo son consecuencias casi inmediatas del juego compulsivo. De esta manera, no sólo arriesga sus pertenencias sino que también todas sus relaciones interpersonales. Al igual que el alcoholismo, el jugador se vuelve tolerante a la cantidad en juego. Esto quiere decir que cada vez siente la necesidad de apostar más cosas para sentirse satisfecho.

El tratamiento para los jugadores compulsivos empieza por reconocer que tienen una enfermedad. La negación es una característica de todas las adicciones, y es por eso que al aceptarlo, los pacientes ya están dando un primer paso hacia la recuperación.

Las posibilidades de tratamiento incluyen

Terapias individuales: el paciente se informa mejor acerca de su enfermedad, investiga las causas que lo llevan a jugar y lo relaciona con las dificultades de su vida cotidiana. Se busca mejorar el manejo de sus problemas y de su calidad de vida.

Terapias cognitivas conductuales: el paciente enfrenta directamente su conducta adictiva. Junto con el terapeuta, descubre que sus pensamientos y sentimientos hacia el juego son irracionales, y de este modo, se favorece su abandono

Terapia familiar/de pareja: su objetivo es mejorar las relaciones íntimas del paciente ya que su problema afecta también al resto de la familia. Es necesario transformar la crítica destructiva que tiene la familia con respecto a la enfermedad en una crítica constructiva para encontrarle una solución.

Grupos de apoyo: se comparten experiencias y responsabilidades entre jugadores recuperados y los que todavía se encuentran en tratamiento, para que el paciente se sienta acompañado por alguien que vivió una situación similar a la suya, y le brinde fuerza y esperanza.


Fuente: Fundación Manantiales

martes, 10 de abril de 2012

Los principales síntomas de la Cocaína


El cocainómano pasa por cuatro estados, cuyas intensidades están en relación directa con las dosis consumidas. Estos son: euforia, disforia, alucinosis y psicosis. Entre el efímero placer de la euforia y la pérdida del contacto con la realidad de la psicosis, el adicto padece infinitas angustias y terrores.

Los síntomas físicos que produce la cocaína son los siguientes:
  • Ardor en los ojos.
  • Resecamiento de la garganta.
  • Palpitaciones y temblores.
  • Sudoración abundante.
  • Dolor de cabeza y mareos.
  • Dilatación de pupilas.
  • Contracciones de los músculos de los ojos.
  • Fiebre, convulsiones y delirios.
  • Desnutrición y pérdida de peso.
  • Deficiencia inmunológica.
  • Afecciones cardíacas y hepáticas.
  • Enfisema pulmonar.
  • Muerte por intoxicación.
Las consecuencias en la psiquis del consumo de la droga son:
  • Pérdida de las motivaciones.
  • Depresión.
  • Apatía, irresponsabilidad, desinterés.
  • Aislamiento.
  • Dificultades para interrelacionarse.
  • Abandono del aspecto personal.
  • Pérdida de la memoria y de la concentración.
  • Agresividad, descontrol, impulsos delictivos, violencia.
  • Suspicacia extrema y paranoia.
  • Inclinación al suicidio.

martes, 6 de marzo de 2012

La historia de Eduardo, la historia de muchos otros chicos

Cansado de no saber qué hacer, frustrado, con mi familia dividida, me bebo mi primera sidra. Al tiempo preparaba mezclas. Si no me dejaban ir a bailar, me escapaba. Tengo mi primera novia con relaciones y me peleo. Ahí empiezo a andar mal. Dejo de nadar, que era el deporte que más me gustaba, empiezo a fumar marihuana y bebo cualquier cosa que tenga alcohol.
Vivía sin problemas, bien. En la droga encontraba el sello de lo original y lo distinto. La tenía clara. Además, no le negaba mi manera de ser a nadie porque yo defendía lo que hacía. Salvo en casa, donde una vez me encontraron droga y yo los convencí de que era la última vez. Me echan del colegio por bardo. Conozco el ácido y después la cocaína, la cual se me prende rápidamente. La plata no alcanza, empiezo a robar y ya estoy en cualquiera. Me daba con cualquier cosa y me empecé a sentir asexuado, algo muy raro en mi personalidad. En mi casa ni estaba, mi mamá se daba la cabeza contra la pared, se peleaba con mi viejo, yo qué se...

Vivía estafando a todos los que podía, peleándome y escapando de la policía y de mi realidad. No me paraba nadie, cada vez que iba detenido, zafaba; pero de a poco fuí sufriendo un deterioro. Cuando andaba sin plata, vendía. Por dentro siento miedo, pero no me detiene y me creo indestructible y ganador.
Repito cuarto año y empiezo a trabajar. Dejo la merca, pero no la marihuana y el LSD y menos el alcohol. Pienso en abrirme y hay me siento seguro e incentivado por una novia. Con ella gano confianza. Empiezo a nadar, dejo hasta el cigarrillo, pero el porro no porque me parecía que era sano. Después de algunas recaídas me doy cuente que no quiero más droga, no quiero robar más, no quiero ser más trucho.
Otra novia, algo nuevo. Gano más confianza y ya tengo dos trabajos. Pero después se viene todo abajo. Trabajo, novia, todo. Me engancho con la merca y el alcohol. De esa época recuerdo sólo droga y más droga y que la cabeza ya no razona bien. Siento soledad, angustia, tristeza y siento que no puedo parar, que no sé por qué actúo de esa manera. Vuelvo a robar y ya no me tengo fe hasta que busco ayuda y empiezo a salir.


Fuente: Fundación Manantiales

viernes, 24 de febrero de 2012

Crystal, la adicción que explora varios sentidos

El Crystal Meth es una metanfetamina altamente adictiva que estimula el sistema nervioso central, provocando euforia y excitación. Le dicen Cristal por su forma que parecen pequeños pedacitos de cristal blanco, aunque también se puede presentar como un polvo blanco o amarillo. Es conocida también como "speed", "met", "tiza", "hielo", o "vidrio". Asimismo, se la llama “píldora del miedo” porque causa la suspensión de la conciencia y la noción de riesgos, o “Day of Birthday” (día de cumpleaños) porque provoca un placer intenso que recuerda al día de nacimiento. En los últimos 15 años, esta droga se hizo muy popular, y se convirtió en una de las más adictivas ya que su consumo aumenta los niveles de dopamina en el cuerpo entre 1000% y 7000% (el crack los aumenta unos 350%).

Una vez pasada la sensación de euforia, inmediatamente los daños afectan al organismo. El consumo de cristal implica un grave peligro para el sistema cardiovascular ya que causa alta presión, latido acelerado o irregular del corazón, y hasta derrames cerebrales por daños irreparables. Una sobredosis de estas metanfetaminas puede llegar a provocar hipertermia o convulsiones, que si no son tratadas a tiempo pueden ser fatales. El abuso crónico de cristal provoca sensaciones de paranoia, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, confusión, insomnio, pérdida de peso y conductas violentas.

La necesidad de consumo de este tipo de droga no es diaria, sino que es esporádica, lo que no implica que no sea adictiva. A pesar de que el tiempo entre una dosis y otra puede ser hasta de dos meses, no tiene relación con su nivel de adicción, ya que el deseo irrefrenable de consumirla vuelve. Asimismo, es una de las drogas más difícil de dejar. El solo hecho de consumirla una vez tiene un 99% de posibilidades de convertirse en adicción. Es una sustancia fácil de producir, por lo cual es muy común su fabricación en laboratorios clandestinos. Tiene una textura salitrosa parecida a la cocaína pero de tamaño y forma parecida a una piedra de crack, y se puede consumir inhalándola, fumándola y a veces inyectándose.

Fuente: Fundación Manantiales

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Qué es la marihuana? ¿Existen diferentes tipos de marihuana?

La marihuana es una combinación de hojas, tallos, semillas y flores de la planta conocida como cáñamo (Cannabis sativa), y puede ser de color verde, café o gris. Otros términos que las personas usan para la marihuana son: mota, hierba, mafú, pasto, maría, monte, moy etc. En los Estados Unidos existen más de 200 nombres para describir a la marihuana.

La "sin semilla", el hachís, y el aceite de hachís son las variaciones más potentes de la marihuana.

En todas sus modalidades, la marihuana afecta la mente. Es decir, que altera la función normal del cerebro debido a que contiene el ingrediente químico activo llamado THC (delta-9-tetrahidrocanabinol). Además, la planta de la marihuana contiene otras 400 sustancias químicas adicionales.

El efecto de la marihuana depende de la potencia del THC que contiene. La potencia del THC en la marihuana ha aumentado desde la década de los setenta.